En el pequeño universo de los cuatro sujetos de blanco la producción del discurso estaba controlada y seleccionada. El líder cargaba con la autoridad o derecho exclusivo de imponer su verdad o discurso sobre los otros miembros. Aunque su comportamiento variaba según el entorno.
El referente vestido de blanco, sobre su cabeza una galera, una especie de bastón, su ojo derecho pintado, ojos dibujados en los puños de su camisa etc. Todos estos elementos cubrían al joven de un supuesto aura de autoridad, que también le atribuían los miembros del grupo, pregonaba un discurso y materializaba una actitud que al parecer tenía coherencia y sentido en ese contexto.
La figura de la mujer aparece en la película como un objeto de deseo y placer, cuyo cuerpo es profanado por quien ocupa un lugar de relevancia en el escenario -por razones de fuerza física o fuerza institucional-. Foucault explica que, con el paso de los siglos, el discurso dominante ha buscado fortalecerse y legitimarse utilizando la ciencia.
Asimismo, la representación de la mujer ocupa un espacio simbólico asociado al sexo débil, y su cuerpo a un territorio en puga. Esta construcción quizás tenga mayor sentido, cuando el autor recorre la historia del discurso y explica que siglos atrás, la verdad o el poder de la palabra estaban en manos de una monarquía, quienes eran elegidos supuestamente por dios, por lo tanto, su voluntad no era cuestionada. Pero llego un día en que la verdad se desplazó del acto ritualizado, eficaz y justo de enunciación, hacía el enunciado mismo, hacia su sentido, su forma, su objeto, su relación con su referencia. Entonces cargar las tintas en el contenido del enunciado, motivó un interrogante; si el discurso verdadero no es el que responde al deseo o el que ejerce el poder; ¿qué es por tanto lo que está en juego?David Morley, incorporó el concepto de interdiscurso, que marca la existencia de enunciados que giran en el universo del relato, entre los cuales se encuentra el propio, que puede armonizar o desafinar con otras alocuciones.
En esta guerra de ideas, la fuerza que otorga la estampa científica o las credenciales institucionales que separan y califican a los individuos en sociedad –Bourdieu-, al parecer afectaron al protagonista, quien optó por someterse a un tratamiento psicológico para curar su supuesto mal.
En relación a lo mencionado arriba, Michel Foucault, sostiene que esta voluntad de verdad basada en un soporte y una distribución institucional, tiende a ejercer sobre los otros discursos una especie de presión y como un poder de coacción.
El tratamiento ludovica significó para el protagonista doblegarse a un nuevo sistema, el científico, donde se atacó su matriz emocional con la intensión de cambiar su conducta y reinsertarlo al sistema social. En este nuevo universo, se intentó una nueva edificación sobre la construcción hecha por el actor en su escena social que le preexistía -Bourdieu-.
En esta etapa del film, quien ocupaba un lugar de relevancia en el contexto institucional, amplificó hacia el resto de la pirámide de mando su idea sobre lo que se debía hacer por considerarlo “correcto”. Sujeto a esto último, Raymond William sostenía que, existe una lucha cultural en el sistema social, por lo tanto, quien ocupe un lugar estratégico en el tablero amplificará hacia el resto de la pirámide sus creencias y valores.
Asimismo, durante el periodo en el que estuvo internado el personaje principal, las disposiciones adquiridas en la posición ocupada por los diferentes actores, implica una adaptación a esta posición, es lo que en las interacciones conduce a las personas a mantenerse en su lugar “modestamente” y a las otras a “guardar las distancias” o a “mantener su rango”, a “no familiarizarse”, según indicó el sociólogo canadiense Erving Goffman.
Podríamos decir que, desde el punto de vista de Foucault, las actitudes mencionadas por Goffman responden a la institucionalización de un discurso dominante que legitima su poder a través de argumentos científicos, de esta manera se cubre de una supuesta fuerza legitimada para asignar rótulos,y categorizar a individuos.
En el mismo sentido, las credenciales académicas refuerzan discursos en el aire, los clasifican y separan del resto, Bourdieu categoriza esto, como “violencia simbólica”.
Finalmente, luego de una serie de pruebas psicosociales, el protagonista de la Naranja Mecánica logró salir en libertad, es que la autoridad competente lo consideró apto para la vida en sociedad. La voz autorizada de la ciencia fue tomada por el sistema político, que utilizó el caso del joven como un medio propagandístico para pregonar o reforzar los avances de la ciencia en materia conductual y así reafirmar a través de un caso concreto, una narrativa.
Una vez en la calle, el protagonista tuvo que afrontar la estigmatización que habían hecho de su persona los medios de comunicación masivos;“la masa que consume y disfruta de los productos de nuestra moderna industria cultural”,terminó siendo afectada por el contenido informativo a tal punto que se movilizó -escena en la que el joven es golpeado en la calle por varios vagabundos e incluso por dos policías, -quienes antiguamente formaban parte de su exgrupo-.
Stuart Hall en su texto la deconstrucción de lo popular, ubica a este tipo de consumidores en un estado permanente de “falsa conciencia”, incapaces de ver que lo que les están dando, es una forma actualizada del opio del pueblo, “tontos culturales” los llamó.
En la etapa final de la película, cuando el joven se encuentra internado por lesiones sufridas luego de un intento de suicidio, es considerado por la opinión pública como una víctima del sistema, al parecer el lastre que provocó el tratamiento psicológico, las actitudes revanchistas hacia su persona y el trastorno provocado por otra de sus ex víctimas, fueron elementos que sumaron a inclinar la balanza de la opinión pública.
Hall sostiene que hay una lucha continua y necesariamente irregular y desigual, por parte de la cultura dominante -la instalación del caso en la opinión pública y el tratamiento y cobertura del mismo- cuyo propósito es desorganizar y reorganizar constantemente la cultura popular; que busca encerrar sus definiciones y formas dentro de una gama más completa de formas dominantes.
La fotografía del gobernador con el joven, cerró un círculo y reordenó un tema que se había salido de cause para la retórica dominante, y que exponía la violencia de un sistema perverso y corrupto. La amplificación de la fotografía a través de los mass media, contribuiría a instalar en el imaginario social la voluntad de un sector, y a reconfigurar el tablero de posibles lecturas en beneficio de un color político. Todo un escenario montado en función a la proximidad de una contienda electoral.



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